Tengo más suerte que un perro con dos pollas.

viernes, 24 de octubre de 2008

Wendigo

Me levanto de la nieve y miro a mi alrededor. Nada, Solo altos troncos blanquecinos y un velo negro más allá de los mismos. La luna brilla alto en el cielo y el viento sopla entre los arboles como susurrándome al oído poemas antiguos de presas y cazadores, de indios y aventureros.

De repente, miro la la escena a mis pies, jadeo y el vaho que sale de mi boca se va al este. a pesar de la oscuridad veo claramente, a pesar del frío siento un intenso calor. El llanto de los lobos se escucha en la lejanía y el escucho la llamada por primera vez, me llama por mi nombre con una voz hipnotizante.

El calor sube, estoy sudando mucho, me quito la gruesa chaqueta amarilla y la arrojo a un lado, siento como se quema mi cuerpo cada vez más rápido.

¿Que es esto? -me dije-

¡QUEMA! arde, la ropa parece estar prendida en llamas, me quito todo y me revuelco en la nieve para detener el sofocante calor. Estoy casi desnudo, cubierto en nieve y manchado de sangre. Mi compañero estaba muerto, Algo lo había matado, lo mismo que me dejo inconsciente, lo más seguro es que pronto vendría por mi.

Habíamos caído en el bosque hace cinco días. Los primeros dos días nos quedamos en el lugar en el que se había estrellado nuestra avioneta esperando a ser rescatados pronto. La ayuda nunca llego, así que decidimos ir más al norte donde posiblemente encontraríamos algo de civilización. Era eso o morir de en el frío, además, mi copiloto no duraría más tiempo sin atención medica.

Ahora ya no importaba nada, algo lo había matado y masticado a medias y pronto me mataría y masticaría a medias a mi también, me había vuelto loco, no soportaba ver aquello en la nieve. Ahí fue cuando nuevamente escuché su llamado, esta vez estaba más cerca y reclamaba lo suyo, reclamaba mi carne. Corrí desesperadamente intentando escapar pero era muy rápido lo escuchaba decir mi nombre, reclamar mi ser. mientras más rápido corría, más fuerte lo escuchaba, podía sentir como respiraba en mi cuello, podía oler su aliento corrupto y putrefacto.

Corría hacia lo desconocido esperando perderlo, caí al suelo, cerca del agua. Entonces cerré mis ojos preparado para lo peor, luego los abrí impulsivamente y entonces lo vi. La luna se reflejaba en sus ojos terribles y hundidos, sus huesos parecían empujar su piel supurada hacia afuera, tenia un pelaje aparentemente blanco y mandíbula enorme con dientes amenazadores. También tenia extraños cuernos como los de un ciervo y manos como ramas que terminaban en filosas garras. Entonces me percaté que no me miraba a mi, yo lo miraba a el agua, en mi reflejo yo era el.

Yo soy el Wendigo.


2 comentarios:

Mauricio dijo...

Bien, Bien... Que tál va el thriller?

Cörso dijo...

Lento, un mes seco pero tengo muchas notas, tengo que sentarme a decantarlas a ver con que me quedo.