Tengo más suerte que un perro con dos pollas.

domingo, 1 de febrero de 2009

Chusmakistán: Idiotas al poder

La democracia es una prostituta. Es el sistema que permite a un conjunto de hombres y mujeres denominados mayoría, elegir al pervertido que va a estar a cargo de la nación durante un tiempo definido. Este tiempo tiene la capacidad de extenderse a voluntad del soberano y sus jalabolas.
Con todo y todo, la democracia es considerada como uno de los sistemas de gobierno más avanzados que tiene la humanidad. La porción más numerosa de una población, toma las decisiones para la totalidad del colectivo ¿suena chévere, verdad? Imagina un sistema democrático en un país del tercer mundo. Un lugar lleno de gente ignorante fácilmente sujestionable y cuyas principales preocupaciones son las cervezas del fin de semana y el equipo de sonido para el carro. Ahora imagina a candidatos presidenciales que logren canalizar las frustraciones y emociones de esta gente con proclamas patrióticas y "leña al fuego" del resentimiento. Gran mezcla explosiva de mierda y pus que tenemos entre las manos. Eso es lo que detesto de la democracia en países del tercer mundo. Un gran pedazo de la población votante es en realidad una masa inculta y con el gusto metido tan profundamente en el recto, que si estornudara; lo más probable es que le salga por la boca cubierto de flema y chorizo parcialmente digerido.

Retrocedamos unos cincuenta años en el tiempo. cincuenta años en que todo ha venido saliendo terriblemente mal. Tuvimos la oportunidad de hacer de esta democracia, un verdadero éxito rotundo. Pero los gobernantes estaban más preocupados por sus cuentas bancarias en el extranjero y acariciarse las bolas por el simple hecho de ser la figura en autoridad. Descuidaron nuestra educación y la propia estructura de la institución democrática. Manosearon los poderes públicos a su antojo y arrancaron a mordiscos los trozos del país que se llevaron con la boca cuales perros carroñeros malditos. Actualmente vivimos las consecuencias de nuestra propia estupidez y avaricia. Muchas putas gracias pactistas de Puntofijo. La mal llamada Revolución Bolivariana, es solo uno de los efectos colaterales más de la imbecilidad de gente que sería capaz de fornicar con el cadáver de su abuela por un puñado de billetes viejos o la sensación de estar en control.

Toma un minuto de tu día y piensa. ¿La idea de votar es encargarle los problemas del país a una persona? Me atrevo a decir que por décadas hemos estado ejerciendo el voto con ese propósito, maldición, eso no es así...

...Un demagogo más puede llegar el día de mañana y seguir un discurso estructurado y mecánico, sin fondo y sin verdadera intención. Lo juro, tú vas a votar por el, porque así es como son las cosas; el hombre del discurso que más estimule tus decepcionados y resentidos pezones, es quien va a gozar de tu apoyo. Porqué así lo quisieron los partidos políticos hace cincuenta años, así lo quisiste tú cuando le diste todo el poder a un hombre. Es esa capacidad de decidir como nos van a joder a continuación lo que hace grande a nuestra democracia.

El conteo regresivo para la consulta electoral sobre la enmienda constitucional, está acercándose al día y mientras las tensiones de un país tan polarizado y politizado, crecen. También lo hace el calor en Miraflores. Chávez ha dejado más que claro su intención de no abandonar por ningún motivo el poder, sus seguidores creen estar en control de la situación pero eso es solo un teatro "El pueblo decide cuando se va Chávez" Perdóneme por no comer mierda como el resto de ustedes y no creer en esa estupidez.



Power to the people

3 comentarios:

Mauricio dijo...

Estoy hasta los cojones de política, pero esto Rockea... definitivamente.

Daemonicus Imprimatur dijo...

Desde el momento en que sabemos que el fin de un político es alcanzar el poder y que, como dijo Maquiavelo, el fin justifica los medios, la mentira es sólo un medio de alcanzar el mando.

Vaya full del estambul

Psicodelirium

Cörso dijo...

La verdad es que yo también estoy hasta los cojones de la política, pero no puedo ignorarla.