Tengo más suerte que un perro con dos pollas.

jueves, 26 de febrero de 2009

La golfa Moribunda

Ella se sacó a si misma del charco de agua inmunda a un lado de la acera. Se tambaleó hasta un poste, llevando a su hombro la delgada tira de su reveladora blusa fucsia desgastada. De su brazo izquierdo, colgaba un pequeño bolso negro decorado con lentejuelas. Sus largas y delgadas piernas tenían moretones y cortes recientes. Uno de sus altos tacones se había roto.

Sus senos maltratados estaban llenos de mugre, el lápiz labial "rojo puta", el rímel y la sombra de ojos de color turquesa, se habían corrido por toda la cara de la mujer. Aquella cara de expresión triste y fría como la noche, parecía la de una espectral payasa de ultratumba. Triste. Nostálgica. Gélida. Medio muerta.

La llovizna caía como un manto sobre el mundo caótico y asqueroso de la golfa moribunda. Hizo su camino hasta el bar que estaba dos cuadras más abajo. Entró empapada con pasos lamentables y desnivelados en el antro. El humo de tabaco y hedor a sudor masculino era tan denso y sofocante, que casi tenía que espantarlo de su cara para poder ver. Aún así, los olores y hedores entremezclados eran familiares y reconfortantes. Era el aroma de una noche de trabajo, el aroma del salario que pondría la comida en la mesa.

El bartender reconoció la cara bajo la pinta desagradable de la mujer. Se acercó con un pequeño vaso lleno de vodka y se lo ofreció a la mujer con la amabilidad de costumbre, le sonrió cálidamente y le dejó la botella en frente al ver su desaliñada apariencia con más detalle. Sintió por dentro, algo de compasión por esa desdichada hetaira sentada frente a la barra.

Uno. Dos. Tres tragos pasaron, a su derecha se sentó un hombre de mirada penetrante y sonrisa engañosa. Su expresión y traje gris le daban aire de pervertido inconfundible para alguien de la experiencia de ella. Lo miró por pocos segundos y pudo saber que este hombre se revolcaba con putas mientras su esposa pensaba que estaba en una importante reunión. Vio en sus ojos una malicia poco común, un despiadado apetito sexual que le parecía extremadamente amenazante. El hombre diabólico pronunció solo las palabras que ella necesitaba escuchar para saber que era hora de trabajar. El ofrecimiento monetario era demasiado bueno para que las excusas saltaran. Ella dijo que deseaba ducharse primero para asearse un poco, el replicó que estaba más interesado en que ella estuviera mojada, hedionda y desarreglada. Para un cliente con dinero, cualquier cosa es posible en el mundo de la prostitución. No hay tabúes ni fetiches demasiado raros que el dinero no pueda hacer posible.

Ambos entraron a la habitación del hotel. El aullido nocturno de la ciudad precaminosa se escuchaba como a la lejanía. Las maldiciones toxicas del pavimento se filtraban por el balcón, inundando el lugar con una forma de vida blasfema y misteriosa. El hombre de aspecto satánico ofreció una copa de Champán barato a la prostituta, quién no tardó en aceptar. El hombre se sentó en la cama desajustándose la corbata y señalando con la cabeza el espacio a la derecha en el colchón para que la acompañante se sentase a su lado. Ella prosiguió, todavía mojada y con el maquillaje regado por todo el rostro, se sentía ligera, la tristeza dejaba su cuerpo y daba lugar a la desorientación casi sinestética, al escuchar la voz y las silabas arrastradas del hombre del traje gris. Su cabeza como un globo se fue flotando de su cuerpo y su visión se oscureció hasta que lo ultimo que vio fue esa sonrisa maligna de oreja a oreja.

Despertó con una capa aún más fétida en su cutis maltratado. Su desnudes paliducha y lastimosa dejaba ver el cuerpo una vez hermoso y ahora descuidado de la prostituta. La luz de la luna y la ciudad alumbraban las mortecinas curvas de sus senos blancos, el aire frío jugaba entre los pezones erectos y las sabanas cubrían sus pies dañados. De sus muñecas vino el dolor agudo y desgarrador. múltiples lineas brutales de sangre y serpenteaban ligeramente hasta la mitad de sus antebrazos. Miró en horror como el plasma espeso y oscuro devoraba el blanco de su piel, ahora más equiparable con las sabanas rígidas de la cama. Intentó gritar pero su boca estaba muy dolorida, de hecho, toda su cara había sido golpeada. Pudo saborear la sangre en su boca y escupirla a un lado. Entró en pánico y se sentó. vio a sus pies un montón de billetes arrugados y una nota de agradecimiento por una noche tan especial. Incrédula de su situación, maldijo y miró alrededor para ubicar su escaza ropa, luego se tambaleó por la habitación para buscar mejor. solo encontró una pequeña bata de hotel en una silla junto a la cama; apenas si pudo ponerse la bata encima y arrastrarse temblando con un llanto patético. No estaba pensando claramente, muchas ideas le venían a la cabeza, tanteó la cama para encontrar los billetes que había visto. Los tocó con la punta de los dedos, sintió algo familiar en ellos. Logró levantar la vista y estirarse para agarrarlos todos y examinar la viscosidad en ellos. El bastardo había acabado en su dinero. se había limpiado el pene con los billetes en un ultimo acto de humillación y tortura a la puta que había sedado y usado como desahogo.

Esta es la noche de la golfa moribunda, una noche fría, húmeda y dolorosa.

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